Artículos sado: Las pinzas de pezones

Los pezones de una mujer y su zona íntima son zonas muy erógenas donde terminan varios millones de nervios finos. Con razón se les dedica tanta atención en el juego amoroso – tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres.

Para aquellos que les gusta un poco más duro y que quieren disfrutar del toque especial del placer con dolor, existen los utensilios clásicos del sadomasoquismo: las pinzas de pezones en sus numerosas versiones. Si con pesos o sin, con cadena de pecho, de presión ajustable en forma de tornillo de apriete (también conocido como “prensa en C” o “gato”), con mordaza de boca o como suplemento de arreo (brida) – pinzas de pezones hay para cada gusto y en versiones de suave a fuerte.

Un modelo muy popular que viene de los bricoladores son las pinzas de cocodrilos. Normalmente se las usa en el área electrónico y tienen su nombre a causa de su forma (pequeños dientes metálicos que parecen unos dientes de cocodrilos). Con verdaderas pinzas de cocodrilos, que no vienen del comercio especializado de erótica, se tiene que tener cuidado, ya que muchas veces son angulosas y por lo tanto los dolores pueden sobrepasar rápidamente el límite personal de la “persona de experimentación”. Además las pinzas del comercio especializado disponen de una funda o recubrimiento (muchas veces de látex) que alivia los dolores que pueden causar las pinzas. Cosas que también se utiliza son pinzas de manguera, pinzas para la ropa o los llamados Clover Champs (literalmente: campeón del trébol). A veces también se ve los pasadores de pezón tipo broche.

La sensación al llevar y la duración que uno aguanta los dolores son individualmente distintos. Por eso, para principiantes sirven más los tornillos con presión ajustable. Con ellos se puede probar perfectamente donde están los propios límites. En general se puede decir: Cuanto más grande es el área al cual se distribuye la presión, menos pesada y dolorosa es la pinza; cuanto más fuerte la presión, más doloroso es.

El dolor también se reduce con la duración de llevar la pinza. Sin embargo, las posiciones donde estaban las pinzas son, por un tiempo, más sensibles que el tejido alrededor. Por lo tanto, ten cuidado si quieres “maltratar” las partes una vez ya fijadas con pinzas otra vez. Empieza con un tiempo de llevar las pinzas puesto de 10 a 15 minutos e incrementa poco a poco.

Además, ¡atención!: utilizando las pinzas pueden surgir daños del tejido, si las pinzas están demasiado ajustadas o si son llevadas demasiado tiempo. Por eso checa siempre que la piel sea de color habitual y que sea sensible. Si el área se pone morada o si ya no notas ningún dolor, deberás quitar las pinzas inmediatamente.

Si consideras esto, ya no estorbará nada a su juego con el dolor placentero.

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