BDSM – ¿Qué significan estas letras?

BDSM es la denominación usualmente empleada para designar una serie de prácticas y aficiones sexuales relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidad extrema convencional. El término se emplea a menudo, de forma equivocada, como sinónimo de sadomasoquismo. En realidad, es una abreviación que describe prácticas de sexualidad no convencional, y que da nombre a lo que hoy en día es considerado como una subcultura específica. El BDSM se halla estrechamente asociada con la subcultura leather. El acrónimo está formado por las iniciales de algunas de dichas prácticas:

Bondage: B

Disciplina: D

Dominación y Sumisión: D&S

Sadomasoquismo: S&M

El término BDSM aparece por primera vez en abril de 1991, en torno al foro de noticias por Internet denominado alt.sex, como la yuxtaposición de dos abreviaturas contrapuestas, BD (bondage y Dominación) y SM (Sadomasoquismo), que en realidad se habían creado, precisamente, para distinguir del sadomasoquismo (que gozaba de una conocida mala imagen) a las “otras” aficiones. Paradójicamente, es desde el momento en que se trata de unificar ambas corrientes, cuando la subcultura que las engloba comienza un desarrollo vertiginoso. Dado que BDSM es una palabra que abarca términos muy dispares, no es fácil dotarla de una historia más allá del comienzo de su uso como acrónimo, al margen del que corresponda a cada uno de sus componentes.

A principios de los 90, comienza lo que hoy conocemos como el periodo de la New Guard (Guardia joven o nueva), que se caracteriza por la decidida apertura hacía el mundo heterosexual y de la homosexualidad femenina, la aceptación del fenómeno switch, la inclusión de elementos de sensibilidad interior (dominación psicológica, relaciones D/S sin inclusión de rasgos sadomasoquistas, etc.), la aceptación de quienes practicaban el solo juego, y la participación activa de la mujer heterosexual en el asociacionismo BDSM.

Las relaciones BDSM deben seguir un modo seguro, sensato y consensuado respecto a sus prácticas:
Seguras, en cuanto al conocimiento necesario sobre su desarrollo y sobre el material usado, así como sobre la prevención de riesgos.
Sensatas, en cuanto a la capacidad razonable de decisión por parte de los actores, no alterada por drogas o bebidas y acorde con la experiencia de cada participante, sabiendo diferenciar fantasía y realidad.
Consensuadas, en cuanto a que los participantes estén de acuerdo sobre la forma e intensidad con la que se realicen, e igualmente que dicho acuerdo pueda rescindirse en cualquier momento.

Dado que muchas de las situaciones durante una sesión contienen elementos de fantasía y/o rol, y que en algunos de ellos se escenificaba la “protesta” del participante sumiso, era necesario crear un sistema de comunicación que le permitiera a este dejar claro el momento en que su protesta era real y equivalía al deseo de no continuar. Y era preciso que el Dominante pudiera percibir nítidamente este deseo y diferenciarlo de la escenificación del “¡no, no más!” que podía ser parte del juego sexual pactado. La solución, fue la denominada Palabra de Seguridad. Puede ser una palabra de rápida dicción y sonora (“stop”, “tango”), una que sea significativa para quien la debe recordar (por ejemplo el nombre de una persona familiar), etc.

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