El fetichismo

Entre los fetiches más comunes se encuentran: pies, botas, pelo, peinados, guantes de látex, pelucas, piercing, ropa interior, pañales, prendas de goma, piel, látex, nylon… Algunas telas son más comunes como fetiches. Quizás porque forman una especie de ‘segunda piel’ que actúa como sustituta de la misma. La piel, el vinil y el látex son de las más usadas como fetiches por ser más flexibles y tener brillo, exagerando así algunos aspectos de la dermis.

Los fetiches sexuales pueden ser partes del cuerpo, como la cabeza, el vello, o su ausencia, las piernas, los pies o los pechos… Son formas específicas del cuerpo más que la persona como individuo. Esto puede explicar la costumbre de la era premoderna China en la que se fracturaban y comprimían los pies, así como el amplio uso del corsé en el siglo XIX, y más recientemente el implante de senos en Occidente.

El fetichismo sexual fue descrito por vez primera por Alfred Binet, aunque, en realidad, lleva existiendo desde hace mucho tiempo. Es un tipo de parafilia, donde el objeto afectivo es inanimado o se centra en una parte del cuerpo. El término surgió de ‘fetiche’, concepto general que originalmente refería a un objeto que contaba con poderes sobrenaturales o un objeto creado por humanos con poder sobre otras personas.

Es importante distingir entre objetos predilectos de deseo o fetiches. El objeto de deseo predilecto no limita las posibilidades de disfrutar placer, al contrario, incita y suscita el propio fluir del deseo. El fetichismo como parafilia, por el contrario, supone una limitación al disfrute, ya que si no está presente, resulta muy difícil o imposible la activación sexual.

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